“Dime cuál es tu relación con el dolor y te diré
quién eres”, dice una sentencia de Ernst Jünger. Y realmente, si consideramos
la vida como una serie de pruebas, la prueba del dolor es difícil de superar.
Porque el dolor es en sí algo inmutable, no cambia ni desaparece, pero la forma
de enfrentarse a él varía en función de cada individuo o de cada época. Hoy,
por ejemplo, adopta a menudo la forma del aburrimiento, del hastío, que es una
penosa consecuencia del horror al vacío. De hecho, el término procede de ab horrere. Pero tenía que ser un ruso
quien le diera el significado exacto: el aburrimiento es el deseo de desear,
escribió Tolstoi.
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